Desde hace más de un año se vive una de las crisis sanitarias más graves de la era moderna. Hasta ahora ya ha provocado más de cuatro millones de fallecimientos y la cifra aumenta a diario. De igual forma hay personas que se contagian y logran superar la enfermedad pero eso no significa que ya se encuentren a salvo. Uno de los mayores problemas que ya es una realidad es la Covid-19 persistente. Inclusive se ha llegado a mencionar que las afectaciones provocadas por la infección podrían permanecer por meses y tal vez nunca desaparecer.

Por lo anterior es que se manera permanente se realizan investigaciones alrededor del mundo. El objetivo es obtener un panorama más amplio de todo lo que implica la infección. En estos momentos todavía no se ha podido determinar por qué algunos pacientes no desarrollan síntomas y otros sí. Además de que existen más dudas que faltan por ser respondidas.

Enfermedad que no desaparece de inmediato

Ahora bien, al hablar en específico de la Covid-19 persistente, su definición más clara es que se trata de la infección cuando se mantiene en el paciente durante un largo período. Cuando las secuelas permanecen por más de 12 semanas después de haber egresado del hospital se utiliza esta denominación.

Con base en trabajos previos se ha observado que hay cuatro secuelas principales que se presentan con mayor frecuencia en los pacientes. De hecho, algunos desarrollan dos, tres e inclusive todas las molestias señaladas.

  1. Pérdida del olfato.
  2. Pérdida del gusto.
  3. Disnea.
  4. Fatiga.

Secuelas más comunes en los pacientes

Por otra parte, la revista inglesa Nature acaba de publicar los resultados de la investigación más completa de su tipo que se ha hecho. Como parte de un matanálisis se obtuvo que la Covid-19 persistente está asociada con 48 secuelas distintas que se presentan con mayor frecuencia.

El trabajo menciona que el 80 por ciento de los pacientes infectados con el virus SARS-CoV-2 desarrollaron uno o más síntomas a largo plazo. Mientras que la lista completa es la siguiente:

  • Fatiga.
  • Dolor de cabeza.
  • Desorden de atención.
  • Pérdida de cabello.
  • Disnea (dificultad para respirar o falta de aire).
  • Ageusia (pérdida del sentido del gusto).
  • Anosmia (pérdida del sentido del olfato).
  • Polipnea (aumento de la frecuencia y la profundidad respiratorias).
  • Dolor en las articulaciones.
  • Tos.
  • Sudoración.
  • Nausea o vómito.
  • Dolor de pecho, incomodidad.
  • Pérdida de memoria.
  • Pérdida de audición o tinnitus (silbido o zumbido en uno o ambos oídos).
  • Ansiedad.
  • Depresión.
  • Desórdenes digestivos.
  • Pérdida de peso.
  • Signos cutáneos.
  • Aumento de la frecuencia cardíaca en reposo.
  • Palpitaciones.
  • Dolor.
  • Fiebre intermitente.
  • Desórdenes de sueño.
  • Capacidad pulmonar reducida.
  • Apnea del sueño (la respiración se detiene y recomienza repetidas veces al dormir).
  • Escalofríos.
  • Afectación en la salud mental.
  • Enfermedades psiquiátricas.
  • Ojos rojos.
  • Fibrosis pulmonar.
  • Palidez.
  • Diabetes melitus.
  • Flemas.
  • Hinchazón en las extremidades.
  • Mareo.
  • Apoplejía.
  • Dolor de garganta.
  • Cambios de humor.
  • Disforia (sentimiento de incomodidad, infelicidad o sentirse enfermo).
  • Trastorno obsesivo-compulsivo.
  • Hipertensión nueva.
  • Miocarditis (inflamación del miocardio, del corazón).
  • Insuficiencia renal.
  • Trastorno por estrés postraumático.
  • Arritmia (latidos irregulares del corazón).
  • Paranoia.