La pandemia ha causado demasiados estragos que se mantienen hasta nuestros días. Aunque en un momento se consiguió un relativo control ahora hay un riesgo inminente a un rebrote. Tanto en Estados Unidos como en algunas naciones de Europa ya se observa un peligroso aumento en el número de casos diarios que amenaza con generar una nueva ola de casos. Es por eso que una de las exigencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es acelerar el ritmo de aplicación de la vacuna contra la Covid-19. Se trata de la principal vía para proteger a las personas y evitar cuadros graves de la enfermedad.

Ahora bien, distintas farmacéuticas ya han logrado que sus respectivos biológicos culminen de forma exitosa todas las fases de ensayos clínicos. De esta manera han comprobado que las inmunizaciones son seguras y funcionan para lo que fueron creadas. En tanto que otro de los objetivos es verificar que no provocan efectos adversos graves en quienes las reciben.

Pese a lo anterior, todavía existen muchas personas que desconfían de las vacunas. En especial a partir de los recientes casos en los que se acusó que la desarrolladas por AstraZeneca eran responsables de casos de trombosis aumentó la preocupación. Aunque al final no se ha podido comprobar que realmente exista una relación directa.

Ante este panorama la OMS publicó un boletín acerca de los efectos secundarios más recurrentes que suelen desarrollan las personas. En primera instancia se hace hincapié en que la mayoría no son dañinos sino que confirman que el cuerpo ha comenzado a generar anticuerpos. Por lo tanto muchos de ellos son normales y no deben causar preocupación.

¿Por qué son positivos los efectos secundarios?

Las vacunas están diseñadas para darle inmunidad sin los peligros de contraer la enfermedad. Es común experimentar algunos efectos secundarios de leves a moderados y no solo ocurre con la de la Covid-19 sino con cualquier otra. Esto se debe a que el sistema inmunológico le indica al cuerpo que reaccione de ciertas maneras: aumenta el flujo sanguíneo para que puedan circular más células inmunes y aumenta la temperatura corporal para matar el virus.

De esta forma, lo más común es que se presenten efectos secundarios de leves a moderados como fiebre o dolores musculares. Por lo regular aparecen de manera inmediata o hasta 24 horas después de la inoculación. No son motivo de alarma y no deben causar preocupación. Estas molestias generalmente desaparecen de forma natural después de unos días.

Otros efectos efectos secundarios típicos incluyen dolor en el lugar de la inyección, fiebre, fatiga, dolor de cabeza, dolor muscular, escalofríos y diarrea.

Al recibir la vacuna, se solicita que la persona permanezca entre 15 y 30 minutos en el lugar de la vacunación para que los trabajadores de salud estén disponibles en caso de reacciones inmediatas. Los efectos secundarios menos comunes que se han presentado incluyen reacciones alérgicas graves como anafilaxia; sin embargo, esta reacción es extremadamente rara. A la fecha son muy pocos casos los que han ocurrido en el mundo.

Los efectos secundarios generalmente ocurren dentro de los primeros días de recibir la vacuna. Desde que comenzó el primer programa de vacunación masiva a principios de diciembre de 2020, se han administrado cientos de millones de dosis de vacunas. Por lo tanto se debe dejar de tener miedo y confiar en las estrictas pruebas que se llevaron a cabo para que cualquiera de los proyectos obtuviera la autorización correspondiente.