La actual pandemia ya ha provocado la muerte de más de mil médicos en nuestro país. Aunque existe muchos motivos, uno de los principales es que no se cuenta con el suficiente personal en los hospitales. Por lo tanto, los médicos a cargo deben extender sus jornadas laborales o atender a más pacientes de los que deberían. En consecuencia, sufren de altos niveles de estrés, ansiedad y cansancio físico. Todo lo anterior es un resumen mínimo de lo que viven en cada uno de sus días.

Ahora bien, desde antes de la crisis por Covid-19 México ya sufría de un alarmante déficit de trabajadores de la salud. Por una parte, al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) le hacen falta 94 mil médicos y al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) 40 mil doctores para alcanzar la cifra promedio recomendada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

De acuerdo con las recomendaciones del organismo internacional, cada país debería contar con al menos 3.4 médicos por cada mil habitantes. De esta forma se garantiza una pronta atención a los pacientes para también se evita el desgaste en el persona sanitario. Cuando eso no ocurre se presentan las saturaciones en las unidades y altos niveles de Síndrome de Burnout.

Como parte de un análisis realizado por la base de datos Statista se obtuvo que el país con la mejor densidad médica es Noruega debido a que cuenta con 4.9 galenos por cada millar de habitantes. Mientras que bastante por debajo está México con un promedio de 2.4 profesionales de la salud.

El comparativo muestra que es prácticamente la mitad de personal sanitario para atender a toda la población. Pero además también se debe tomar en cuenta la inversión destinada a este rubro. Mientras el país europeo invierte el 9.7 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) en salud, en el caso de México la cifra es de apenas el 3.3 por ciento.

De igual forma, se debe tomar en cuenta que el descuido en el caso de nuestro país ha sido el resultado de décadas de descuido y abandono. Las consecuencias son visibles en la actualidad y se han intensificado a partir de la pandemia.